miércoles, 26 de septiembre de 2012

Acabar con los malditos


Hoy es #25S.

Tenía que estar durmiendo pero he visto un video de esos que están rulando por Twitter y ahora no puedo dejar de llorar. Llevo asi toda la noche, llorando amargamente por un colectivo ingrato que no ha sabido valorar lo que tenía y lo que era capaz de tener.

Los primeros a los que maldigo es a aquellos que tienen el poder directo de cambiar las cosas y no lo han hecho. Cargos públicos, políticos, que se han sentido tan cómodos en el sistema fangoso que hemos ido creando que no les ha interesado variarlo. Visión ególatra y cortoplacistas que nos ha sumergido en una crisis estructural tan grande que es una olla a presión.
Los segundo a los que maldigo es a los que no quisieron ver, que siguen sin querer ver, que han decido que quieren la píldora roja, la realidad virtual, y que creen que tapándose los ojos conseguirán hacer que pase la realidad incomoda que nos rodea.
También maldigo a los que no tienen nada por lo que luchar que sea tangible y se crean fuegos fatuos de revoluciones con lucha armada que cambian el mundo sin muertos.
Tan ciegos unos como otros, tan egoístas todos, los maldigo porque van a acabar con nosotros y no se dan ni cuenta.

Podemos cambiar el mundo, pero sabemos que existen formas de hacerlo sin que tenga que haber destrucción. Debemos cambiar el mundo, aunque no nos apetezca, porque ya es insostenible.
No hay que arreglar nada, hay que aceptar que empieza una nueva era, y hay que hacerlo con esperanza, ilusión y mucho amor. Y solo así, acabaremos realmente con lo malditos, de una vez por todas. 

lunes, 6 de agosto de 2012

LowCost Festival, EL Festival


En el año 2006 dirigí el proyecto internacional liderado por el FIB (Festival de Benicassim) UnPopclassik. Ese año me despedí de los grandes festivales de música. Después de años de frenética actividad, de ir a conciertos casi todos los días y hacerme más de 40 festivales internacionales en menos de dos años, de repente paré. Me hastié.

Desde entonces había vuelto a ir a algún festival. De hecho trabajo con y para grandes Festivales de música así que ocasiones no me han faltado. Pero llevo muchos años con la impresión de que mi tiempo de festivales ya había pasado, sin que eso me perturbara mucho, la verdad.

El año pasado estuve un par de días en un esplendido festival que tiene lugar en París, el Rock en Seine. Me encantó. Me lo pasé genial. No fui tanto al festival por su cartel sino más bien a ver a mis amigos programadores, directores, gente de producción de otros festivales francófonos. Pero disfruté con la música y el ambiente. Me encantaron los WC ecológicos de cartón que usaban un sistema de compostaje inoloro y no contaminante, los vasos reutilizables, no tener que hacer colas, los espacios amplios para sentarse, la guardería gratuita hasta el final del festival a las 01:00.

Esta fue la historia que les conté a los 3 organizadores del Low Cost Festival cuando les conocí. Y la compraron. Y así este año nos hemos encontrado todo el equipo de @universovivo trabajando como nunca hasta ahora en un Festival que nos ha permitido hacer realidad muchas de nuestras propuestas. Eso ya es un buen comienzo ¿verdad? Cuando uno llega a uno de los dos escenarios principales y ve que todas las lonas van dedicadas a la campaña de sostenibilidad que hemos diseñado: Lower contaminación Lovver música, pues ya pueden sonar cacofonías que uno oye cantos de ángeles.

Pero ya más en serio. Las acciones de sostenibilidad son indispensable para que gente como yo se sienta a gusto. Ver un recinto lleno de gente que lleva su vaso colgado, sin apenas residuos en el suelo, y sobre todo concienciados!!! es decir que saben que llevan ese vaso para no contaminar, eso es ya de por si un orgullo. Ver a los artistas entregarse a fondo y que gente como Ivan Ferreiro, Is tropical o Triangulo de amor bizarro renunciarán a sus efectos de luces por ayudarnos a sensibilizar sobre el cambio climático, eso es sublime.

Pero el Low Cost ha sido para mí mucho más. Espacio, comodidad, calidad, facilidad. Un recinto cómodo, unos servicios buenos, un estilo diferente. Ver a los grupos de cerca o de lejos, como prefieras. De repente he vuelto a disfrutar de la música. Que el cartel no era excepcional, dirán algunas. Pues ya no se que es una cartel excepcional. Y además de que me vale un super cartel si no puedo disfrutar oyendo la música como yo quiero. Pero a mi me parecieron excepcionales grupos como Fuel Fandango, El Columpio Asesino, Jero Romero (impresionante directo), Putilatex (tremendos), Annie B Sweet (ya era fan), y algún otro más.

Y a los grandes escenarios se suman, el karaoke con música en directo y los mini conciertos del escenario Sol Música.

Y luego las infraestructuras de la ciudad. Millones de hoteles. Y Benidorm. Es como una aventura en si mismo. Como me dijo la directora del Festival Carolina, “nosotros no pretendemos traer el glamour a Benidorm, queremos que la gente que venga lo disfrute tal y como es”. Es decir simplemente genial, anacrónico y lleno de posibilidades al alcance de todos.

Tengo la certeza de que los festivales son más que música. Y así lo creen también los directores del Low Cost Festival. De modo que sé que esto es solo el principio. Porque es un festival con ganas y sin miedo al cambio. Como yo. Como nosotros (¿?)

En fin que el Low Cost me ha devuelto muchas cosas que había perdido. Larga vida al Low Cost Festival!!

lunes, 9 de julio de 2012

El bien y el mal


Cuando trabajaba como lobbista en Bruselas me empeñaba en decir que nada era blanco o negro, que todo era gris. ¿Cómo sino iba a justificar mi trabajo?

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que el gris no existe. Como decía el profesor Pizarroso “no hay gente de centro, solo de derechas o de izquierdas”, porque, efectivamente, si alguien se tiene que definir de izquierdas o derechas en un gradiente del 1 al 10 el 5 siempre es derechas y el 6 izquierdas.
Así que ahora soy más radical. El que calla otorga. El que no denuncia es culpable. El que no actúa forma parte del problema. Lo que está mal está mal y no hay matices.

Pero tan radical soy en mi lectura del bien y del mal como en la de nuestra capacidad para eludir el mal y solo hacer el bien. Coexistimos con ambos valores y aceptamos cosas que están mal porque no somos capaces de hacer otra cosa.

¿Porque no somos capaces de evitar el mal? Pues muchas veces porque hay demasiado y nos diluiríamos en la lucha. Otras porque estamos cansados, porque aceptamos que forma parte del juego, porque no somos capaces de identificarlo.

Esto tan abstracto es impactante en lo concreto. Os pongo un ejemplo. Muchas ONGs se niegan a trabajar con petroleras, a aceptar su dinero sucio de sangre y espolio. Sin embargo, todas ellas usan la gasolina en algún momento. Es inevitable. ¿o no?

Llevado a la cotidianeidad también es rompedor. Pensad en algo que os destrozaría que os hicieran, algo que consideráis que es malo, como por ejemplo engañar. Pero seguro que alguna vez habéis engañado a alguien.

En ambos caso, el general y el específico, el mal es menos malo cuando lo hace uno. Las ONGs consideran legítimo usar el coche, porque ellas lo hace, pero no legítimo cerrar acuerdo con las petroleras porque ellas no lo hacen. El que engaña siempre considera que los atenuantes de su engaño lo justifican, pero cuando se vive un engaño el dolor no remite porque existan atenuantes.

Entre estos dos ejemplos podéis empezar a meter lo que os plazca, el político corrupto, el taxista que os tima, el presidente que permite un Guantánamo, el que abusa del poder.

¿Solución? Pues a mi se me ocurre un camino que es empezar por uno mismo y ser lo mas coherente posible después. Todo pasa obviamente por dedicarle tiempo a pensar. Pensar antes de hacer, pensar cuando se hace y pensar después. No pensar con la cabeza, pensar con el corazón. Ponerse en la piel de la persona a la que dañamos, ponerse en la piel del indio expoliado sin tierras, ponerse en la piel del que no tiene para que nosotros tengamos, buscar alternativas que sean buenas y disfrutar de ellas para vivir mejor. Porque amigos, se vive mucho mejor, haciendo el bien que el mal.

Les dejo con el lema de mi casa, que a mí me ayuda a seguir avanzando por el camino que quiero: bondad, alegría y amor. Que lo disfruten también.

sábado, 23 de junio de 2012

Sinfonia número 1 de Mahler


Estaba aquí sentada editando una entrada para 3500 millones y de repente ha empezado a sonar la sinfonía numero 1 de Mahler. El ruido de los vecinos y de la calle se han fundido con la música y se han transformado en melodía. Es como si la sinfonía lo hubiera atrapado todo y se hubiera convertido en el eje conductor de la energía sonora de mi mundo. La banda sonora de mi vida.
De repente he tenido consciencia del momento tan privilegiado que estoy viviendo. Y me he emocionado. La certeza de ser una persona tremendamente afortunada me ha oprimido el corazón y me ha hecho sonreír.
Son tiempos muy complicados, pero me pregunto si no lo serán siempre. Tengo la sensación de que no hay nada nuevo en todo lo que me pasa, que son historias que se repiten sin cesar desde el origen de los tiempos. Y somos tan necios que no hemos sido capaces de gestionar el maravilloso don de la humanidad como es debido. Somos una raza dominada por el odio y no por el amor. Y el odio es destrucción.
Pues yo estoy firmemente decida a subir el peldaño de la escala evolutiva que es indispensable para nuestra superviviencia. Pienso transformar todo le odio en amor. Si he de morir que sea amando y sonriendo.
La sinfonía se va extinguiendo y tengo que volver al trabajo. Os deseo mucho amor…

Esta entrada esta dedicada a mi vela, que me da luz para ver más claro por donde voy.

sábado, 12 de mayo de 2012

Presente... RESPECT


Estoy oyendo a Amy Winehouse y pienso…¡Que fuerte que esté muerta! Muerta… criando malvas… ha dejado de ser. Y yo aquí escuchando su música.
Me da por pensar en que conozco a un montón de gente muerta… cada vez más. Es por la edad. También conozco a un montón de gente influyente por esa misma razón. El mundo es de los cuarentones, aunque los jóvenes no se den cuenta.
Y cuando pienso en la muerte pienso inmediatamente en la vida. Esa vida que no sabemos vivir los cuarentones.
Ayer estaba con unos compañeros trabajando sobre un proyecto y me encontré dando un discurso sobre el porqué de nuestro trabajao: “cambiar el mundo, kuchar contra las desigualdades, favorecer el acceso a la educación a poblaciones vulnerables sin recursos!!” A veces se nos olvida el objetivo, por muy legitimo y bello que sea, y nos perdemos en los medios.
Así es como vivimos las vida los cuarentones, tan absortos en los medios que se nos olvida el objetivo. El objetivo primero de la vida debe ser vivir, disfrutando con cada instante vivido, sea cual sea la actividad que desarrollamos.
Las culturas orientales insisten mucho en el punto de consciencia, el ser conscientes de qué estamos haciendo. Y es que ¿como vamos a disfrutar y a valorar lo que tenemos si no somos conscientes de que lo estamos teniendo? La mayoría de las veces nos proyectamos en el objetivo de la actividad olvidando la actividad en si misma, que es la que mas tiempo nos lleva. La comida es un claro ejemplo, cocinar durante horas para consumirlo todo rápido porque tiene una pinta excelente y luego… ¿que? Así nace la sociedad insatisfecha, que se desarrolla proyectada a futuro, nostálgica del pasado que fueron incapaces de disfrutar por que el presente les resulta frustrante.
El presente, el instante, es nuestro valor. Es lo que hace que la muerte no sea una amenaza, y lo que justifica nuestra existencia cada día.
Voy a respirar tres veces, a llenarme de esperanza, de amor y de energía a ritmo de Amadou&Mariam y voy a empezar el día con el respeto y la fuerza que se merece, que me merezco. Os aconsejo que hagáis lo mismo.