domingo, 20 de noviembre de 2011

Las dos Españas del sistema d'Hondt


Simplificando la situación y sin conocer todavía los resultados finales de las elecciones nacionales de hoy, creo que en este país convivimos dos Españas. Una poco ilustrada, poco informada, anclada en el pasado y aferrándose a él como a un clavo ardiendo y otra que ya ha aceptado que el cambio es indispensable.

Nuestro sistema electoral completamente obsoleto defiende a la primera España y permite a esa parte de la población seguir gobernando este país. Y no se trata solamente de que haya una gran presencia de nacionalistas en nuestro Congreso. Es mucho peor, se trata de que el voto al cambio no está en absoluto representado y está incluso penalizado.

Ahora el nuevo presidente tendrá que bregar con está situación que corre el riesgo de fracturar el País. Me explico;
El ciudadano indignado no se va a conformar con el España va bien. El ciudadano indignado ha salido a votar en masa, y va a exigir que se le escuche. Los llamados partidos minoritarios que han rascado unos escaños con mucho sudor y miles de votos más que el resto de los partidos, lo saben y van a unirse a esa indignación, por su bien, claro está.

Los cronistas están explicando en la televisión como el PP ha obtenido los mismos votos que en elecciones anteriores y sin embargo el número de escaños que obtiene es mucho mayor…

Si Rajoy es responsable y si realmente quiere sacar a España de la crisis debería aceptar que estamos inmersos en una crisis que va mucho más allá de lo económico. Rajoy va a tener que responder a la inquietud de un enorme grupo de ciudadanos que creemos que hace falta un mundo diferente. Y todo mientras el sistema electoral que le ha encumbrado también ha elevado a estructuras políticas que están convencidas de que su futuro está fuera de España y que van a luchar por hacer realidad sus sueños soberanistas.

Esto que podría ser interpretado como un horror creo que es la mayor oportunidad que hemos tenido como nación desde nuestra reconstitución tras al dictadura. Solo queda la duda de si la pericia de los que detentarán el poder hará que todo encaje o que, por el contrario, su avidez y egocentrismo hará que todo esto estalle en mil pedazos que tendremos que unir del modo adecuado después. 

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